Los flejes son sin lugar a duda, uno de los materiales más empleados para tareas de empaque y embalaje. Gracias a un fleje, las mercancías empacadas en cajas de cartón pueden ser manejadas, trasladadas y almacenadas con mayor protección y seguridad, evitando que las cajas se desfonden y que los productos sufran algún daño que repercuta en mermas.




Cada día es más común encontrar una flejadora en prácticamente cualquier fábrica o industria que requiera empacar sus productos y enviarlos a sus compradores o centros de distribución. Pero, no todos los flejes que existen en el mercado sirven para lo mismo, pues sus características y utilidad están determinadas por el tipo de materiales con los que se fabrican.




Entre los tipos de flejes más comunes destacan:




Flejes de polipropileno.- Se tratan de cintas continuas que, al estar fabricadas con este tipo de material, resultan sumamente flexibles, a tal grado que, se puede llegar a prescindir del uso de una flejadora (no siempre) para su aplicación, por lo que resulta un recurso práctico y económico.




Flejes de poliéster.- Son cintas de plástico mucho más rígidas y, por lo mismo, resultan aún más resistentes que las de polipropileno. Su aplicación requiere de una flejadora para lograr una mayor tensión en el empacado de mercancías ligeras y no tan pesadas.




Flejes de acero.- Debido a las propiedades del acero, resultan de nula elongación, pero son flexibles y de gran resistencia. Dependiendo sus dimensiones y grosor, se pueden llegar a utilizar para el empaque y aseguramiento de piezas de metal y de cargas muy pesadas. Para ello, es necesario utilizar flejadoras, ya sean manuales, eléctricas o neumáticas, además de accesorios especiales como hebillas y sellos.




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